viernes, 11 de febrero de 2011

El hilo de la araña, Ryunosuke Akutagawa 芥川 龍之介




Título original : 蜘蛛の糸 – Kumo no ito - El hilo de la araña
Editora : Shinseken Limited
Año de publicación : 1918
Publicación de esta edición: 2008
Traducción : Eduardo Campelo
Ilustraciones : Hideyuki Fujikawa


Este relato es más corto que el del libro anterior, y también es más antiguo, data de 1918. Está situado en dos mundos paralelos: el Paraíso a orillas del Lago de Loto, y en las profundidades del Infierno, en el Lago de Sangre. Aquí la historia nos devela cómo en una especie de pequeño juicio final, será rescatada la única buena acción que en vida Kandata realizó, y también cómo el malhechor, por su egoísmo, no será salvo, a pesar de tener una última oportunidad.

Aunque ambos libros son de cuidada edición (tapas duras y con diseños, forro con diseños, las hojas de respeto en papel grueso y de color; y las utilizadas para los relatos en grueso papel lustrado, amplias) el precio fue casi irrisorio: RS3, menos de $2, quizá por estar en un idioma para ellos extranjero. ¡Que importen más!

Por otro lado, las expresiones en los diseños son más realistas, respetando los rasgos orientales, a diferencia de muchos mangas y animes que acostumbramos ver, con los ojos occidentales, aquí eso no se da. También los colores usados tanto en el Paraíso (más tenues) como en el Infierno (más vivos y tornándose oscuros) contrastan entre sí.

La historia es más que entretenida; aunque sea previsible la prueba en el final, no deja de maravillar la sencillez y la elegancia con la que Akutagawa crea esta historia, ambas características principales de la literatura japonesa.



El hilo de la araña

Amanece en el paraíso. El sublime Buda camina despacio por las márgenes del Lago de Loto. Las flores, de espléndida blancura, tienen estambres dorados que exhalan, día y noche, un suave perfume.

El sublime Buda permanece un poco junto al lago, para ver lo que ocurre bajo el manto de las flores de loto. Mirando a través del agua cristalina, contempla durante algunos instantes, en el remoto fondo de este lago celeste, las profundidades del infierno. Observa claramente, como imágenes en un límpido espejo, el río Styx, y la siniestra Montaña de las Agujas. Su mirada capta la forma de un hombre, de nombre Kandata, que se debate entre los demás condenados.

Kandata fue en vida un notorio malhechor, culpado de robos, incendios y muertes. Pero el sublime Buda se acuerda de la única buena acción por tal hombre practicada. Cierto día, atravesando un denso bosque, Kandata avistó una araña pequeñita que se arrastraba descuidada por el suelo. Sin pensar, levantó el pie para aplastarla, pero se contuvo. “No, no”, pensó. “Aunque no pase de una cosa insignificante, esta araña es un ser vivo. No debo quitarle la vida sin motivo.” Y siguió su camino.

El sublime Buda considera lo que acaba de ver. Teniendo en cuenta que Kandata había perdonado la vida a una araña, decide, por esta única buena acción, encontrar un medio de sacarlo del infierno. Mirando atentamente la superficie del lago, descubre, sobre una hoja de loto de color jade, una araña del paraíso, que engendra su hilo plateado. Satisfecho con el hallazgo, el sublime Buda toma el hilo cuidadosamente y lo hace descender por un espacio entre las bellas flores de loto, hasta las profundidades cavernosas del infierno.

En ese lugar está el Lago de Sangre, absolutamente negro como la brea. Junto con los otros condenados, Kandata fluctúa y se sumerge sin cesar. A veces, entrevé un bulto amenazador emergiendo de las tinieblas, y reconoce, postrado en la desesperación, los aguijones resplandecientes de la Montaña de las Agujas. Se hace el silencio como dentro de una tumba. Sólo se escucha, alguna vez, el débil suspiro de uno u otro condenado. Esto porque, cuando alguien cae tan bajo, y sufre la tortura de tantos infiernos, este alguien perdió las fuerzas para llorar. Incluso un ladrón sabido y vivido como era Kandata, nada pudo hacer sino debatirse como una rana cogida en las garras de la muerte, al ahogarse en la sangre del lago.

Sin embargo, aquel día, Kandata consigue levantar la cabeza y ver, en el cielo oscuro y mudo que se cierne encima del Lago de Sangre, un plateado hilo de araña que se mueve a lo alto. Esta línea delgada y centelleante, sólo visible, poco a poco, se aproxima de Kandata. Al verla, el condenado aplaude de alegría. ¡Tal vez consiga colgarse del hilo y, subiendo por él, huir del infierno! ¡Si todo sale bien llegará al paraíso! Entonces, ¡nunca más será forzado a recorrer la Montaña de las Agujas, ni ahogarse en el Lago de Sangre!

Pensando en eso, Kandata agarra rápidamente con las dos manos el hilo de la araña y empieza a subir, sujetándolo fuertemente. Habiendo siendo en el pasado un ladrón experimentado y ágil, el ejercicio no implicaba ninguna novedad para él.

Pero la distancia entre el infierno y el paraíso es de diez mil leguas. Por mucho que se esfuerce, el camino hacia arriba no parece nada fácil. Tras algún tiempo de escalada, Kandata no consigue seguir adelante, ni incluso empleando todo su espantoso vigor. Sin otra opción sólo le resta parar y descansar un poco. Mientras oscila, pendiente del hilo, contempla los parajes que dejó hacia atrás.

Debido a la altura ya alcanzada, el Lago de Sangre, que hasta poco lo mantenía prisionero, yace ahora en la completa oscuridad. El brillo tenue de la Montaña de las Agujas difícilmente se ve. Si sigue subiendo a ese ritmo, tendrá la oportunidad de escapar del infierno. Tal vez no sea tan difícil como había imaginado. Kandatya aprieta firmemente, con las dos manos, el hilo de la araña, y empieza a reir, como nunca lo había hecho antes:

- ¡Sí, sí! ¡Lo conseguiré!

Sin embargo, en ese instante, siente que, debajo de él, como una procesión de hormigas, numerosos condenados van subiendo, determinados, por el hilo. Con los ojos fuera de sus órbitas de miedo, y la boca abierta de par en par, como un tonto, Kandata los observa. ¡Este hilo, tan delgado, corre el riesgo de romperse, no puede soportar el peso de tanta gente! Si se revienta, todo el esfuerzo para subir será inútil. Kandata –y con él, otros condenados- sería, de nuevo, lanzado hacia el infierno. ¡Eso no puede pasar! ¡Sería horrible!

Mientras Kandata se aterroriza, cada vez más condenados, desde el Lago de Sangre, van subiendo por el hilo brillante. Ya no se cuentan por centenares, ni por millares. Son enjambres enormes. Kandata decide actuar con rapidez, antes que el hilo se rompa, haciéndolo despeñar sin remedio otra vez hacia las profundidades del infierno.
Kandata grita con voz de trueno: “¡Alto, condenados! ¡Este hilo de araña es mío! ¡Sólo mío! ¿Quién os dio permiso para subir en él? ¡Para atrás! ¡Volved!”

En el mismo instante en que acabó de hablar, el hilo de araña, que hasta entonces no había sufrido ningún daño, de repente cruje y se parte, justamente por donde Kandata se agarraba. Kandata está perdido. No tiene tiempo de decir nada más. Aturdido, empieza a caer haciendo giros, hasta precipitarse en las profundidades del infierno.
El hilo acortado de araña permanece suspenso, reflejando una brizna de luz en el centro de ese cielo sin luna ni estrellas.

En el paraíso, el sublime Buda estaba al lado del Lago de Loto, acompañando, desde el inicio al desenlace, los episodios de este drama. Cuando, al final, Kandata cae como una piedra, en lo más hondo del Lago de Sangre, una expresión de tristeza atraviesa el rostro del sublime Buda. Se aparta del lago, con la intención de terminar su paseo. Aunque el duro corazón de Kandata, que intentó huir solo del infierno, haya recibido un castigo absolutamente justo, un destino tan infeliz llena de compasión al sublime Buda.

Tales hechos no conmueven a las flores, las lindas flores blancas del Lago de Loto, que inclinan sus cálices a los pies del sublime Buda, y exhalan, día y noche, un suave perfume que proviene de los estambres dorados. Dentro de poco, será mediodía en el paraíso.

14 comentarios:

Jessika! XP dijo...

Bueno que puedo decir, me encantó. Antes no había tenido la oportunidad de leer literatura japonesa y este relato es maravilloso :)

Manolo Ignacio Malpartida -manigna- dijo...

Jessika, creo que Akutagawa sería un gran inicio en la literatura nipona, las probabilidades de que te decepciones con sus relatos son mínimas. Busca "Senin" de este mismo autor, y si por ahí te deparas con algún libro suyo dale una oportunidad.

¡Gracias por comentar y bienvenida!

¡Abrazo!

Anónimo dijo...

Gracias por colgar la historia, de verdad.
Es una gran traducción.

Un cordial saludo.

Kate Saravia dijo...

Me encanto, es dificil perder el hilo xD si saben a lo que me refiero LOL me encantan los relatos, me encanta japon <3

Cristina y Manolo dijo...

Gracias anónimo y Kate por pasar y comentar.

Manolo

Carlita Sala dijo...

Es una gran historia, con una gran moraleja, me fascinó realmente. Voy a buscar más títulos del autor :)

Cristina y Manolo dijo...

Carlita, ojalá y puedas depararte con libros del bueno de Akutagawa.

Gracias por pasarte por aquí y comentar.

jazmin dijo...

Me encanto, en verdad es una gran historia ya que muchas veces perdemos de vista el camino por miedo y no analizamos correctamente las situaciones que vivimos

Cristina y Manolo dijo...

Sí Jazmin, Akutagawa era todo un genio. Gracias por visitarnos y comentar.

Abrazo!

Angel Navarro dijo...

Me ha gustado este cuento, acabo de ver una adaptación de esta historia de teatro de marionetas japonesas y eso me trajo aquí, este cuento es parecido a uno de Anthony de Mello, en su libro La oración de la rana, sólo que en el cuento de de Mello recuerdo que la protagonista es una anciana que sólo había hecho una buena acción en toda su vida, regalar una zanahoria y la anciana iba subiendo al cielo agarrada de la zanahoria, y entonces ve que otros condenados van agarrados de los pies de ella, y ella les grita: ¡Esta zanahoria es mía!, y en ese momento todos caen al infierno, tal vez de Mello plagió a Akutagawa, pues el texto del japonés es más antiguo, bueno que me ha gustado el blog de ustedes, los he agregado a mis favoritos, espero seguir visitándoles y comentando, les felicito por el trabajo que hacen, como dicen los hermanos españoles, se lo han currado, saludos desde México.

Cristina Crenchiglova y Manolo Malpartida dijo...

Hola Angel,

desconocíamos hasta ahora de aquel escritor que mencionas, Anthony de Mello, y también del cuento aquel; lo buscaremos, pero por lo que mencionas parece ser otro caso de "homenaje póstumo". En esas situaciones están envueltos muchos escritores que van desde Shakespeare hasta Yann Martel, por citar el último que supimos.

Gracias por tus palabras, y bienvenido.

Saludos desde Brasil.

Hinamori Amu dijo...

Me encanto el relato, para ser sincera no es el primero que leo de esta cultura, pero es curioso que me allá encontrado con este por la mención en un anime (My little monster)
Por ultimo agradezco que lo publicaras en tu blog, y desde ahora estaré mas al pendiente, me has dejado impactada y con algo de curiosidad.

Cristina Crenchiglova y Manolo Malpartida dijo...

Hola Hinamori Amu:

Bueno, son muchos los relatos de Akutagawa que probablemente te encantarán. Busca "Senin" que aparece en la Antología del cuento fantástico de Borges, Bioy y Ocampo. "Toshishun, el cuento chino del jóven pródigo y el mago ermitaño" también es muy recomendable.

Si por ahí te cruzas con algún libro de él procura hacerte con él, de seguro no tendrá pierde.

¡Bienvenida!

Unknown dijo...

Yo lo leí porque en zelda skyward sword aparese esta leyenda y como amo el anime lo busqué